Mostrando entradas con la etiqueta escribir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escribir. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de julio de 2014

A esta edad

Me descubro ideas y pensamientos sobre el pasado y el futuro simultáneamente. Es difícil saber si pude haber hecho mejor las cosas (supongo que sí) como también es, preguntar qué tan sólo estaré en el futuro.

No he dejado de aprender cosas nuevas, pero a veces olvido valiosas lecciones del pasado, pues quizá la memoria me comienza a hacer malas pasadas.

A esta edad, estar solo me gusta; pero no lo disfruto tanto como lo recordaba hace tiempo. Hoy menos que nunca pienso que sea algo imposible de hacer. He hecho cambios en el pasado y lo volvería a hacer.

A esta edad, pensar en llegar a la meta está aún muy lejos. Pero he llegado a lugares interesantes. Me gusta de nuevo, pensar que aprendo nuevas cosas, algunas de ellas bien diferentes a las otras. Y veo las cosas de los demás, y me gustaría llegar allá.

A esta edad, estoy tan cerca de salir del mercado laboral tradicional y pienso que todavía tengo camino por recorrer para comenzar a cosechar.

I'm not really that tired.






martes, 14 de enero de 2014

El gato

Era pues, un gato negro el culpable de hacer caer la madera que se hizo pedazos al caer al suelo. Sus ojos amarillos, lo delataron.

.gus0

lunes, 6 de enero de 2014

Queridos RM

Lo único de lo que tengo ganas ahora, es de llegar a una edad adulta sin muchas enfermedades; por primera vez en la vida me dá un poco de miedo la idea de morir. Me gustaría que fuese rápida o impávida, para no sentir como se escurre entre mis pensamientos eso que se llama “conciencia”.

Quizá es mucho pedir, y tal vez falte un largo trecho aún. Pero por ahora es lo suficientemente fuerte el pensamiento, que no puedo evitarlo más.

.gus0

lunes, 2 de enero de 2012

Un accidente

Siempre era lo mismo: Un accidente automovilístico.

Muchas veces, lo había visto pasar frente a sus ojos. Aunque no lograba ver los detalles de todo lo que acontecía, quería verlo en cámara lenta, en slow motion, para así recuperar cada instante y grabarlo en su memoria; Guardarlo fresco.

Pero habían cosas que no podía imaginar en primera instancia: El sabor de la sangre, el estridente sonido de las llantas derrapar, el sonido de la piel siendo presionada contra los metales y el hueso de la quijada, el temporal o pariental.

Sabía, por simple deducción y recopilación de experiencias pasadas, que lo primero que sucedería, sería cerrar los ojos fuertemente mientras se apartaba la mirada del frente, girando preferentemente al mismo lado cuya mano fuera la principal: Diestra o siniestra.

Cerrar los ojos, sólo llevaría a la rigidez del cuerpo, extendiéndolo a todo lo largo; Esto llevaría a fracturar una o las dos piernas, al estar apoyados en el fondo del auto, ya sea con la estructura o bien con los pedales. Ese sonido, cuando los huesos colapsaran, tampoco sería apreciable pues habría suficiente ruido en el ambiente - Sonido un tanto seco - Crack.  Como cuando la rama de un árbol que yace en el sendero, se rompe.

El siguiente dolor vendrían del hombro izquierdo, producto del tirón que significa el mecanismo de seguridad del cinturón que recorre el cuerpo de manera diagonal. Claro, siempre era el conductor del mismo mientras sucedía, lo que hacia suponer era un impacto. El dolor, se traduciría en un largo moretón, de una forma bien marcada: Rectangular.

Los vidrios se pulverizarían dejando por doquier rastros de él. Ya no lo pueden degollar. Pero tampoco se puede volver a reconstruir.

Había dejado de fumar hacia ya casi 5 años, por lo que uno el codo izquierdo, así como el hombro derecho se dislocarían casi en perfecta sincronía. Esto - dudaba siempre - no sabía si provocaría sonido alguno. Faltaba imaginar más. Era una tarea pendiente.

Al reunir todos estos detalles, y luego de repasarlo mentalmente por años, aún no estaba seguro de algo: Si moriría o no en el accidente. Ese era su sueño.

.gus0

martes, 6 de septiembre de 2011

Era un árbol

Sirvió de fondo varias veces; Una vez para ensayar lo aprendido lentamente en clase de dibujo en aquél salón que olía a lápices de madera, a crayones y tinta embarrada en los dedos del dibujante experto. Ese que estaba lleno de repisas con figuras geométricas que el profesor, con acento español, intentaba guiar a los alumnos que iban siempre por una calificación fácil. Trataba a veces con tanto empeño que no era difícil adivinar su edad. Le decían “El Genovés” aunque no creo que haya sido de ese pueblo finalmente.

Había sido testigo de ese amor, que a escondidas fue creciendo. Fue ante él que la besó por primera vez y creyeron, al menos por un momento, que aquella ilusión duraría mucho tiempo. Como cuando la tomó de la mano, por primera vez. Era como la sensación la humedad del ambiente a través del rompevientos azul.

Utilizó una hoja cuadriculada, de carpeta, cuadro grande. Sirvió porque proporcionaba la cuadrícula imaginaria que, acaso usa el fotógrafo para el encuadre y profundidad necesarios. Era curioso, pues lo había hecho a lápiz, sabía que el carbón del mismo no duraría por siempre. Al calce había puesto la fecha. Se sentía enamorado. 

 Los había observado; A él mirarla por decenas de minutos continuamente mientras se impregnaba de ese olor que mucho tiempo después aún continuaba intoxicándolo y que en algunas ocasiones, como cuando te pica un insecto al rascarlo y saciar la comezón, liberaba ese efecto que hacía querer más y más. Era su humor, en realidad el que causaba ese efecto. A ella, sentir sus manos calientes sobre su piel fría. Permaneció inmóvil cuando ella llorando le dijo que no quería verle más y a la semana siguiente volver a verle a los ojos y decirle que lo quería. 

 Tardó alrededor de 30 minutos en terminar de dibujar; Claro no era bueno dibujando y había tomado demasiado tiempo en los detalles innecesarios como si fuese una fotografía, pero en realidad era a mano alzada con la cuadrícula, de apoyo. Al terminar se lo regaló, como muestra de un sentimiento que hoy puede decirse iluso.

 Alguna vez, pensó en caminar con los pies desnudos sobre el pasto recién cortado, sentir cosquillas en la punta de los dedos, pero sobre todo un poco antes del empeine, así donde el arco comienza a crecer y la piel es fina y suave como ninguna otra en toda la anatomía del pie. Esa que siempre despierta la risa cuando hay tacto ajeno y más profundo es el descanso; Cuando se cierran los ojos al sonido de la noche y la televisión prendida de fondo.

 Recordó que cuando se dibuja a lápiz había de cuidar no tocar en demasía el papel, sino  había que llenar de círculos el dibujo para que, de esta manera, tener un efecto de difuminación. No recordaba que el maestro le hubiera dicho acerca de ello, pero lo hacía con mayor enfado con las áreas que no llevaban tanto color, pero no era necesario rellenar todo.

 Se tomaron tiempo para estar juntos, para llevar a la realidad esa curiosidad de niños. Para aderezar con obscuridad la profundidad de aquellos momentos de intimidad y compañía, que alguna vez los unieron. Quizá se vaciaron varias veces, pero volvían a llenarse de cariño. Se fundieron muchas veces en esos abrazos, que se perdieron. Aquél frío, de las tardes lluviosas, cuando ya nadie lo veía, se hacía menos si se querían.

Con colores, no lo hubiera podido llevar a cabo.
 
Después ya no fueron iguales. 

Ya luego, sólo regresaron un par de veces.

Mejor fotografías. 

Y dejaron los besos atrás.

Luego, ella llevó a alguien más.

No más abrazos.

El árbol, ya no era de ambos. 

.gus0

jueves, 18 de agosto de 2011

Los exiliados

 De pie, bajo ese Sol que quema la piel; Sí cuando la estadía se prolonga lo suficiente pues al menos a este nivel del mar, quema.

 A lo lejos, los rumores de las risas y pláticas ajenas, me transportan a las que fueron alguna vez propias. Los recuerdos se agolpan y de pronto es posible medir la distancia de ellos a través del tiempo transcurrido o bien por el espacio que ahora ocupan en la mente. 

 Esa lejanía entre el tiempo o el espacio, además del hecho de continuar vivo hacen crecer la añoranza. Nosotros, que vivimos fuera de la vieja cotidianidad, llegamos a conocer mejor la añoranza de los efectos presentes, basado en ver las cosas a distancia. Era quizá la imaginación y posterior reconstrucción de hechos lo que simplemente ponía las cosas en perspectiva.

Estos tiempos eran así. Eran acerca de escribir y vivir en la lejanía; Era continuar haciendo lo mismo que antes, pero a la distancia. Muchas veces dicha condición era impuesta, y es entonces cuando cobra aún mayor alejamiento y por ende el desprendimiento de esa, “tu tierra” se hace aún más profunda. Las noticias de los eventos continuaban llegando, como en el pasado los periódicos de lugares lejanos traían las novedades desde otros continentes. O bien a través de cortos proyectados sobre una superficie blanca que completaba la secuencia de imágenes encadenadas, alternando blanco con negro. Éstas noticias algunas veces funestas, otras alegres siempre dolían más por no ser participe de ellas. ¿Cuánta lejanía hay en las noticias contadas por terceros? ¿Cuánta alegría puede despertar un acontecimiento lejano? ¿Cuánta tristeza queda en el relato de un informante frío y escueto?  ¿Sería acaso que extrañaba esa tierra?  


lunes, 2 de mayo de 2011

Beginning

"Es difícil escribir para alguien que no te va a leer"

Esta ha sido, recurrentemente la primera entrada en todo lugar y no veo por qué tenga que ser diferente ahora.