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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Soda de Café

Ella usaba aún aquel uniforme azul obscuro y su falda tableada, que dejaba ver sus piernas todavía infantiles. Su cabello castaño claro, que casi rosaba los hombros, siempre con una peineta o una coleta adosada con un listón rojo.

Sus miradas se cruzaron tímidamente, aquellas primeras veces, y no sabían qué decir.. Luego de verse una vez por semana, podían sostener la mirada, por espacio de tiempo cada vez más grande. Eran los tiempos en que el primer disco de Café Tacvba ya sonaba en el radio. Algunas cosas eran novedosas, pero al escuchar “Las Persianas”, era casi imposible no pensar en la “Persiana Americana” de Soda Stereo.

A esta corta edad, y luego del paso al menos un año, comenzaron a pensar diferente. Cambió de uniforme y la falda subió al menos un par de centímetros de cómo la recordaba, y aparecieron unos extraños fierros en su boca. Quizá fue por ese tiempo, él la oyó hablar más de tres palabras, a la vez.

Desearon un beso.

El jueves era el día para verse, siempre y cuando no lloviera o no fueran vacaciones, porque el uniforme desaparecía y usaba ahora ropa común y corriente. No se podían pues, ver sus delgadas y cada vez más largas piernas.

Nunca la volvió a ver en uniforme, conforme pasaron los años. Fue en ese entonces que ella le anotó en un cuadrito, otrora la contraportada de un disco grabable, un número de teléfono y su nombre. La tilde en él, tenía forma de triángulo e iba sobre la segunda letra de su nombre – sí, luego de la mayúscula – y no era corto, tampoco largo.

Un día la esperó fuera de su colegio, con una flor y la pudo entregar.

Después de encontrarse en el mismo lugar todos esos años, un día se atrevió a acompañarla hasta dónde terminaba la cuadra, bajo la mirada vigilante de su madre y otras de su tía. De alguna manera se sentía identificado o aceptado. Era difícil comprender el sentimiento.

Quizá deseaban tocar sus manos.

Cuando finalmente se animó a llamarle por teléfono, pudo hablar con ella más de 15 minutos; Había sido un gran logro. Quizá le habría gustado regalarle un cassette con las canciones que le recordaban su sonrisa, ahora ya sin los fierros extraños. O aquella con la descubrió, que ya usaba maquillaje.

¡Llámame pronto!

Y ella volvió a crecer, y ahora ya no podía acudir a la cita de cada semana. Ahora sólo venía su madre o tía y a veces podía oír noticias, novedades. Y las visitas se fueron haciendo cada vez más lejanas.

Era natural pensar que ella, dio muchos besos.

Y la música cambió, conforme la edad también avanza. Ya no había más Soda y el Café ya era de cuatro placas.

Desde temprana edad, tuvo la mala costumbre de guardar cosas, atesorar cosas sin mucho sentido o valor futuro. Entonces, quedo todo encerrado en una bolsa plástica, de aquellas que no se degradan, solo guardan olores. Un buen día apareció el cuadrito de papel. El número aún es legible y si marca da tono de timbrado, pero nunca ha esperado a oír la voz que completa el circuito.

Finalmente la encontró a la puerta de aquél edificio dónde, alguna vez, fue a dejar un encargo y donde, al menos un par de veces, estuvo esperando verla salir, aunque fuera a la papelería o de regreso a casa. Ya no hay uniforme, tampoco el cabello castaño; el maquillaje sigue. La vio un poco “fuera de foco, inalcanzable” como siempre.

Espera que no lo haya reconocido, porque han pasado 20 años; Se conocieron cuando eran niños en la pubertad pero nunca para jugar esos, juegos en la obscuridad. Ni siquiera, pudieron dar un beso.

Algún día, llamará; Sólo debe encontrar, de nuevo, el teléfono.

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jueves, 21 de julio de 2011

Mi idea del tiempo

El tiempo es ese concepto que siempre nos acompaña, pero como no es tangible, regularmente no lo tomamos en cuenta. Para los ingenieros, físicos e incluso los filósofos, está siempre presente. Los primeros y segundos lo consideran la cuarta dimensión; Los terceros lo usaron como el medio de reflexión a través del cuál las ideas o “meditaciones” han llegado a esclarecerse.

Ya que no lo podemos ver o tocar, el tiempo se tiene que medir de manera indirecta; Yo nunca he visto un segundo “volando” o “corriendo”. No aún.

Para lo cuál, he decir que los relojes más precisos del mundo se atrasan, no adelantan, un segundo cada 52 millones de años, y lo definen al contar más de 9 trillones de oscilaciones. Ese es el valor de un segundo.

Mi reloj de pulsera, tiene un movimiento que lo hace funcionar a razón de 21600 bph (beats per hour), es decir a una razón de 3 Hertz. Algo que sucede 3 veces, cada segundo.

El ser humano, vive demasiado, basado en la definición de un segundo, pero no se da cuenta de infinidad de cosas que suceden a su alrededor basada en la misma medida. Puede no ser una medida adecuada, y más ahora en los tiempos en que la tecnología nos muestra un segundo tras otro, pero es la que ha prevalecido a lo largo de la historia.

Mirar un reloj, mientras éste intenta mantener el ritmo y su exactitud, es mirar al pasado, justo en el preciso instante en que se marca como fin el principio del nuevo. Pasado, presente y futuro transcurren en la medida en la cuál somos capaces, primero de sabernos concientes, y luego saber qué significa la nueva indicación, el número, el siguiente, el anterior.

¿Cuántas veces late tu corazón por segundo? Si lo hace dos veces por segundo, seguro estás haciendo ejercicio, o algo te emociona o asusta. Si lo hace a una celeridad mayor, puede ser que tengas un problema cardiaco y eventualmente mueras – alguien me ha llamado la atención y puede ser que esté teniendo un momento bastante agradable de actividad física -.

Cuando niño, la medida del tiempo transcurría entre sucesos o eventos memorables, los cumpleaños, las vacaciones de la escuela, la caricatura favorita, el siguiente examen.

¿Cuántas veces tiene que moverse una cuerda al aire para producir esa nota que tanto te gusta en esa canción?

¿Cuántos cuadros por segundo ha usado el cine desde que dejó de ser mudo?

¿Cuánto dura tu canción favorita?

¿Cuánto tiempo necesita tu mente para olvidar ese momento increíble? ¿Cuánto para olvidar ese otro que fue amargo?

¿Cuántas veces has observado la carátula de ese reloj queriendo salir de trabajar? ¿Cuántas mientras esperas a alguien? ¿Cuántas para que empiece el concierto? ¿Cuántas para saber noticias de esa persona que cuya vida está en manos de otros?

¿Cuánto duraba la negociación de un MODEM V.32? ¿Y uno V.34? ¿Qué tal uno V.90?

¿Cuántos relojes has tenido en tu vida?

¿Cuánto tiempo ha pasado desde tu último cumpleaños?

A veces, no entiendo cómo se disloca el tiempo, cómo se interrumpe, cómo se hace discontinuo; ¿Quién lo echado a andar? ¿Quién lo detendrá?

¿Hasta cuándo estaré consciente del mismo?

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