viernes, 20 de mayo de 2011

La vieja cajetilla

Al tomarla por sus bordes cuadrados notó su peso.

Indicaba quizá que tenía cigarros aún de la última vez que los utilizó. Al asir la tapa y moverla hacia atrás descubrió el contenido. Esperaba encontrar filas de filtros amarillos, casi simétricas. Pero había más. Un encendedor, translúcido color verde, que si bien pudo haber sido de otro distinto, ambas tenían un significado.

Hacía unas semanas que no necesita respirar tranquilamente, con la cadencia que recordaba se debe tomar cuando hay un cigarro. Tomándolo con la mano izquierda, para encenderlo con la derecha, haciendo uso del pulgar y luego darle una fumada cada dos minutos, guardar el encendedor en la cajetilla usando ambas manos, para que la mecánica de llevarlo a la boca y sacarlo, se tarea exclusiva de la mano derecha. Solo de ella. Lo hago – decía – cuando me hace falta tranquilidad. Siempre fue el pretexto más sencillo, para evitar la palabra recién aprendida: Ansiedad. En el fondo era una forma de evadir la pregunta, de darle la vuelta y sonar un poco convincente, incluso para él mismo.
Cada una de las ocasiones en las que necesitaba fumar, luego de los largos periodos de tiempo, tenían un factor en común: Acallar sus pensamientos un momento. Estaba convencido que al hacerlo estaría respondiendo autónomamente: ¿Cuándo fue la última vez que fumó? ¿Qué día de la semana era?.
Eran esas las preguntas que rondaban su cabeza.
En algunas ocasiones, para aderezar el ritual, salía a la calle; Llaves (hoy en día hay cuatro de ellas y el llavero nuevo), el paralelepípedo, el verde.
Llegaba a la esquina de la vieja calle, de la vieja casa. Una vez ahí buscaba el cigarro y lo encendía. - No quiero pensar – se repetía un par de veces antes de la primera bocanada.
Luego del encendido y si el clima lo permitía, caminaba hasta la siguiente esquina. Esperaba encontrar algo mientras recorría su trayecto. En casi la totalidad de las ocasiones solía hacerlo con la idea vaga (acaso nula) de que la persona que le robaba la tranquilidad apareciera mágicamente como si previamente ya estuvieran a su acecho, tal que si hubiesen concertado una cita. – Ojalá aparecieras – se dijo más de una vez durante esos episodios. El resto de las veces, cuando no era una persona, intentaba repasar las preguntas que lo agobiaban. No era brujo, simplemente un poco lento de razonamiento.
Al cabo de unos minutos se terminaba el cigarro y regresaba a la puerta de la casa. En algunas ocasiones decidía fumar otro, por lo que retrocedía sobre sus pasos a repetir el ritual.
El color del encendedor, resultó ser una manía de antaño, como todas en su haber. Le recordaba aquella época de su vida en que compartía día a día la cajetilla que compraban siempre antes del mediodía. Era su color favorito y que por costumbre cuando se llegaba a perder, el siguiente, se elegía ese color. Al cabo de un tiempo, todos era del mismo. No resultaba extraño que, siendo una persona de costumbres, al tener que comprar uno nuevo, propio, pidiera exactamente el mismo color, del que previamente había sido condicionado.
Complicado pues, determinar cuándo decidió meter el encendedor dentro de la cajetilla misma que guarda los cigarros. Lo cierto es que dicha acción había hecho disponible el encendedor para cuando fuera requerido. Éste es translúcido, de tal manera que cabía bien; Había otras marcas sí, pero esas no eran compatibles con la forma necesaria.
Al cerrar los ojos, con la primera bocanada pudo verla, ahí con su sonrisa. Todas las ocasiones era la misma escena. Veces con una cara, otras en forma de máscara. En realidad – se dio cuenta – no eran los cuerpos de las personas a cuyas caras corresponderían. Eran máscara que usaba un cuerpo que siempre aparecía sin lujo de detalle. – Esta cara no corresponde a ese cuerpo – era un pensamiento nuevo. Algo había cambiado en sus visiones. Las caras, tomaban turnos como en un carrusel, a lo largo de los últimos años, pero esta era la más temporal y nueva.
La cajetilla tenía a lo sumo, diez piezas. Podría entonces sentir la libertad de la ansiedad igual número de veces sin repetir en cada caso, para un número igual de descargas nicotina y adrenalina fluyendo por el torrente sanguíneo. O en alguna repetir. ¿Qué sería más placentero?.

Puede agregar a The National - Runaway, para hacerlo más llevadero.


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